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  • Antonio Tabares

Es Dios uno o una reunión de dioses?

Cuando a Jesús se le preguntó que cuál es el primer mandamiento de todos, su respuesta fue: “…oye Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor UNO es” (Marcos 12:29). Esto es monoteísmo (creencia en un solo Dios) y para describir esta doctrina utilizamos la palabra UNICIDAD

El significado de la palabra unicidad, según el diccionario de la real academia de la lengua española (DRAE), es “cualidad de único”; y para ÚNICO encontramos que significa SOLO y SIN OTRO de su especie, extraordinario, excelente, INDIVISIBLE.

Algunos tratan de explicar la doctrina del Dios único con la palabra UNIDAD; sin embargo, el DRAE define esta palabra como UNIÓN (entre otros significados), es decir, juntar dos o más cosas entre sí, haciendo de ellas un todo; por tal razón es incorrecto utilizarla.

La doctrina unitaria calza muy bien en la llamada santísima trinidad ya que, según la definición de esta última (trinidad), son tres personas distintas que forman un solo Dios verdadero; es decir que es el producto de la unión de tres partes (Padre, hijo y Espíritu Santo) para formar un todo (Dios).

DIOS ES ESPÍRITU

Sabemos que nuestro Dios no es una mezcla o unión, “Dios es Espíritu…” (Juan 4:24) él no es persona, él es ÚNICO, INDIVISIBLE, sin otro de su sustancia o esencia como dice 1Timoteo 6:16 “el ÚNICO (del griego monos: solo o solitario) que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible…”, esta es la DOCTRINA DE LA UNICIDAD DE DIOS.

Unicidad es el término teológico que utilizamos para referirnos a Dios como un ser indivisible, pues solamente hay un Dios como dice Gálatas 3:20 “…Dios es uno”, es decir, que no se concibe a Dios como si fuera tres personas distintas (doctrina de la trinidad) sino uno solo, absolutamente uno e indivisible (Esto es la doctrina de la unicidad de Dios)

LA UNICIDAD DE DIOS

Teológicamente, la Unicidad de Dios, como se mencionaba anteriormente, es el término que utilizamos los pentecostales para hacer referencia a Dios como único e indivisible. Es un término que implica monoteísmo estricto, ya que hablar de la unicidad de Dios, es hablar de monoteísmo.


La teología unicitaria hace la diferencia entre otras enseñanzas que manifiestan que Dios es uno, pero que al mismo tiempo creen que Dios está compuesto de dos personas (binitarismo) e incluso tres personas divinas que forman un Dios (Trinidad).

La doctrina de la unicidad, nunca hace referencia a Dios como una pluralidad de personas. Ni tampoco concibe a Jesús como un semidios o una criatura creada (Unitarismo).

La unicidad de Dios tampoco concibe la coexistencia de cualquier otro dios o persona divina. La unicidad de Dios declara que Dios se ha manifestado de diferentes formas o modos a la humanidad pero es único e indivisible.

Algunos confunden el unitarismo con la doctrina de la unicidad de Dios, pero el unitarismo concibe a Jesucristo como un semidiós o una criatura que fue creada, negando de esta forma que Jesús sea ese único Dios del cual nos habla las escrituras, quien se manifestó en carne como el Hijo siendo la única forma por medio de la cual podía salvar a la humanidad.

La unicidad de Dios explica la manifestación de Dios en carne, siendo Jesús la manifestación de Dios al ser humano, esto lo conocemos como el misterio de la piedad: “Dios fue manifestado en carne…” (1Timoteo 3:16)

La doctrina de la unicidad de Dios se explica mediante términos bíblicos tales como los siguientes:

1) El misterio de la voluntad de Dios (Efesios 1:3-14)

2) Dios fue quien vino al mundo según (Juan 1:9-10

3) Un misterio que había sido oculto desde hace mucho (Efesios 3:8-12; Colosenses 1:28)

4) Dios mismo viniendo a los suyos para salvar a su pueblo (Isaías 35:3-4; Mateo 11:2-6)

5) La manifestación de la gloria del Dios del antiguo testamento, la gloria de Jehová (Isaías 40:5; Apocalípsis 1:7)

6) Dios estaba en (dentro) de Cristo (2 Corintios 5:19)

7) Dios participó de carne y sangre por cuanto los hijos participaron de lo mismo (Hebreos 2:14)

Podríamos continuar mencionando términos que hacen referencia a la unicidad de Dios, pero con lo anterior es suficiente como ejemplo de lo que enseña la doctrina de la unicidad de Dios.

PENTECOSTALISMO UNICITARIO (UNICIDAD DE DIOS)

Pentecostalismo Unicitario, es un término utilizado para diferenciar a los que creemos en la doctrina de la unicidad de Dios, pues hay otras organizaciones pentecostales que han rechazado la teología unicitaria y siguen creyendo en la doctrina de la trinidad.

El pentecostalismo unicitario, también es llamado pentecostalismo del nombre de Jesús, llegando incluso a llamarnos despectivamente los Solo Jesús.

El pentecostalismo unicitario o pentecostalismo del nombre de Jesús, se caracteriza o diferencia del resto de ramas del pentecostalismo moderno, porque creemos (basado en la palabra de Dios) que Dios en su esencia es Espíritu, y que este Espíritu se manifestó en carne, en un hombre el cual es Jesucristo, también llamado el Hijo de Dios.


Jesucristo es una extensión de la existencia de Dios, es decir, es Dios existiendo como hombre. Jesucristo es cien por ciento hombre, pero en su deidad es Dios que en un principio se movía sobre la faz de las aguas. Esta es la doctrina de la unicidad de Dios o también llamado pentecostalismo unicitario.

También, el pentecostalismo unicitario, se caracteriza porque bautizamos en el nombre precioso de nuestro Señor Jesucristo para el perdón de pecados conforme a Hechos 2:38 que dice: “…Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados…”. Para leer más sobre el bautismo puedes ir a la sección de Bautismo en agua en el Nombre de Jescristo.

El PADRE, SEGÚN LA DOCTRINA DE LA UNICIDAD DE DIOS

En Génesis 1:2 leemos: “… el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” y si “Dios es Espíritu” y es SANTO podríamos decir que el Espíritu Santo se movía en esas aguas (DIOS MISMO).

Cuando Dios habló y dijo “…hágase la luz…” hizo una función de padre ya que engendró por medio de su palabra. Engendrar no solamente es procrear, el DRAE también menciona que es causar, ocasionar y formar; y siendo así Dios es el causante, el ocasionador y formador de todo lo que existe. A él se le conoce como el PADRE en la creación y mientras se movía sobre la faz de las aguas era Dios expresándose para que por medio de la palabra fueran creadas todas las cosas.

Jesucristo le dijo a Nicodemo “si os he dicho cosas terrenales y no creéis, ¿Cómo creeréis si os dijere las celestiales?”, dicho de otra manera, Jesús está diciendo que usa términos terrenales para explicar los celestiales; por tal razón Dios se atribuye un título terrenal (PADRE) para que podamos entenderlo.

Isaías 64:8 dice: “…Jehová, tú eres nuestro padre…”, también salmo 33:6 expresa: “por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca”, esto nos explica la razón por la cual ese Santo Espíritu (Jehová del antiguo testamento), es llamado PADRE; pues “en el principio CREÓ (ENGENDRÓ: CAUSÓ, FORMÓ) Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). El Padre es el Espíritu Santo que se movía sobre la faz de las aguas.

EL VERBO, SEGÚN LA DOCTRINA DE LA UNICIDAD DE DIOS


En Juan 1:1 dice: “En el principio era el verbo, y el verbo era con Dios, y el verbo era Dios”, el verbo es la palabra de Dios, esa voz que se escuchó en la creación; pero también se nos hace mención de que esa palabra o verbo “era CON Dios”, esta conjunción (con) une y hace énfasis en lo inseparable de Dios y su verbo (palabra).

Por medio de la innovación tecnológica nuestra voz puede ser escuchada en cualquier parte del mundo y nadie puede decir que esa voz tiene una identidad diferente a la de nosotros ya que fluye de nuestro interior, es CON nosotros, es inseparable de nosotros; y aunque sea capturada en un CD u otro medio no podemos decir que es otro ser distinto, por eso Juan expresa, inspirado por el Espíritu, que el verbo (la palabra) “era Dios”.

Juan 1:14 dice: “y aquel VERBO FUE HECHO CARNE, y habitó entre nosotros”, Jesús es el verbo hecho carne; 1 Juan 1:1 lo menciona diciendo: “… lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al verbo de vida (Jesús hecho carne).

La palabra es la expresión de Dios. El mismo escritor de Hebreos menciona que “en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 1:2), quien es la palabra hecha carne.

El Espíritu de Dios (Dios mismo porque “Dios es Espíritu”) se hizo carne, Jesús es Dios manifestado en carne, así lo declara el apóstol Pablo en 2 Corintios 5:19 “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo”, por eso el apóstol Pablo dice que “en él habita, corporalmente, toda la plenitud de la deidad” (Colosenses 2:9).

Se puede decir Dios (Espíritu) y el verbo hecho carne (su humanidad) no se pueden separar, Dios y su verbo o palabra son inseparables; pues como alguien en cierta ocasión expresó: “la palabra es el vehículo del pensamiento”, y en el pensamiento de Dios, su plan de salvación, estaba el redimirnos manifestándose en un cuerpo a quien el mundo conoció con el nombre de Jesucristo, esto es, Dios manifestado en carne, algo explicado bíblicamente en la doctrina de la unicidad de Dios.


UNICIDAD DE DIOS, DIOS MANIFESTADO EN CARNE

Jesucristo no era otra persona, era Dios encarnado, un hombre. En Isaías 35:4 se profetizó: “… vuestro Dios viene…Dios mismo vendrá, y os salvará…”, habría señales de su venida tales como: “los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán… el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo…” (v5-6); Jehová del antiguo testamento prometió venir y no enviar a otro.

Juan el bautista mandó a preguntarle a Jesús: “¿Eres tú aquel que había de venir (Jehová), o esperaremos a otro?”, siendo la respuesta del señor: “Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis (hechos y no palabras) los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados (señales profetizadas por Isaías) y a los pobres es anunciado el evangelio” (Mateo 11:3-5).

Con estas palabras Jesús está citando la escritura y afirmando que él es Jehová del antiguo testamento, quien prometió venir y salvar a su pueblo. 1 Timoteo 3:16 dice: “E indiscutiblemente grande es el misterio de la piedad: DIOS FUE MANIFESTADO EN CARNE”, Dios se dio a conocer (se manifestó) en un cuerpo humano, “por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo…” (Hebreos 2:14).

Nuestro Dios “se despojó asimismo” de su trono, de su gloria “tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres”, porque antes de ser humano es Dios (Filipenses 2:7).

Pablo dice que “estando en la condición de hombre, se humilló asimismo, haciéndose obediente hasta la muerte…” (Filipenses 2:8), al estar en la condición de hombre y no de Dios, se sometió a su propia palabra, humillándose asimismo, por ejemplo al orar; pues su palabra lo manda al decir: “Tú oyes la oración, A TI VENDRÁ TODA CARNE” (Salmo 65:2) y siendo carne tenía que sujetarse (ser obediente) a lo que estaba escrito.

Jesús tomó el título de Hijo de Dios. La razón por la cual se le otorgaría la manifiesta el ángel Gabriel al decirle a María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; Por lo cual también el santo ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35).

Es el poder de su Espíritu (Dios mismo) el que engendra o causa la formación de este ser dentro del vientre de María. Ese ser, es Dios hecho carne, un hombre en el cual habita "corporalmente, TODA LA PLENITUD DE LA DEIDAD” (Colosenses 2:9). Una unificación de la Deidad y la humanidad en el hombre Cristo Jesús.

Su gloria es como la del unigénito, es decir, único engendrado o nacido (Juan 1:14), porque es el único con una naturaleza humana y divina, esto es lo que se conoce como la doble naturaleza de Cristo.


Como hombre sintió hambre (Mateo 4:2), pero como Dios alimentó a multitudes (Mateo 14:21); como hombre se cansaba (Juan 4:6), pero como Dios él nos da el descanso (Mateo 11:28); como hombre tuvo sed (Juan 4:7), pero como Dios él nos da el agua de vida (Juan 4:14); como hombre lloró en la tumba de Lázaro (Juan 11:35), pero como Dios lo resucitó (Juan 11:43-44).

Pablo dice: “de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo (naturaleza humana), el cual es Dios (naturaleza Divina) sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amen”.

Cuando Felipe le dijo a Jesús “muéstranos al padre y nos basta”, el señor dejó clara su respuesta al contestar: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido, Felipe? el que me ha visto a mí ha visto al padre; ¿Cómo, pues, dices tú: muéstranos al padre?” (Juan 14:8-9). Se deduce, por la misma palabra, que Jesús es el padre en su Divinidad y que al mismo tiempo es Dios manifestado en carne. Esta es la doctrina de la unicidad de Dios.

JESÚS ES EL ESPÍRITU SANTO (UNICIDAD DE DIOS)

En Juan 11:39 encontramos lo siguiente: “…aún no había venido el Espíritu Santo, PORQUE JESÚS NO HABÍA SIDO AÚN GLORIFICADO”, hasta que Jesús fuera resucitado podía derramarse el Espíritu Santo, porque Jesús es ese Espíritu.

2 Corintios 3:17 dice: “porque el señor (Jesús) es el Espíritu…”, Tomás llamó a Jesús “Señor mío, y Dios mío” (Juan 20:28) y no fue reprendido por esto, pues, “este ES SEÑOR DE TODOS” (Hechos 10:36).

Siendo así, Jesucristo es el Espíritu Santo, él mimo lo expresó en Juan 14:17-18 “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; pero vosotros le conocéis (conocían a Jesús), porque mora con vosotros (Jesús moraba con ellos), y estará en (dentro de) vosotros. No os dejaré huérfanos (como padre), vendré a vosotros (como Espíritu Santo)”.

Con esto entendemos lo que dice Pablo: “…Jesucristo está en (dentro de) vosotros” (2 Corintios 13:5). En 1 Pedro 1:10-11 se nos da a entender que el “Espíritu de Cristo” estaba en los profetas del antiguo testamento. Jesucristo es ese Espíritu que se movía sobre la faz de las aguas, se hizo carne y mora dentro de nosotros.


EL NOMBRE DE JESÚS EN LA UNICIDAD DE DIOS

La Biblia declara que Jesús, en su humanidad, es “un poco menor que los ángeles” (Hebreos 2:7); pero también, en su humanidad, es mayor que ellos por “cuanto heredó un más excelente nombre que ellos” (Hebreos 1:4), Jesús como hombre heredó el nombre de lo Divino (Su Espíritu). Estaba profetizado: “…mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente” , Jehová del antiguo testamento daría a conocer su nombre, él mismo lo haría porque su palabra dice “estaré presente”.

Jesucristo cumplió con esto al decir: “He manifestado (dado a conocer) tu nombre a los hombres…” (Juan 17:6) y lo vuelve a declarar en el versículo 26: “…les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún”. Jesucristo afirmó no traer su propio nombre al decir: “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en SU PROPIO NOMBRE, a ése recibiréis”; sin embargo, los religiosos de aquel tiempo lo rechazaron y decían a los apóstoles “que no hablasen en el nombre de Jesús” (Hechos 5:40), “ni enseñasen en el nombre de Jesús” (Hechos 4:18).

Hoy nos damos cuenta que el maravilloso nombre de Jesús es un nombre “sobre todo nombre” (Filipenses 2:9) y que “no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12) porque “la piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo” (Hechos 4:11) y nosotros lo hemos recibido le conocemos y declaramos que JESÚS ES DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS, bendito por los siglos. Amen (Romanos 9:5).

UNICIDAD DE DIOS Y OBJECIONES DE LA TRINIDAD En vista de que la palabra de Dios nos enseña que debemos estar “…siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15), es importante conocer las objeciones de aquellos que están siendo segados por la doctrina de la llamada santísima trinidad, así como también, las respuestas que nos dan las sagradas escrituras para que podamos, con la ayuda de nuestro Dios, proclamar la revelación que Jesucristo ha dado a su iglesia acerca de su Deidad.


El apóstol Pablo escribió a Timoteo diciéndole “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1Timoteo 4:16), cuando dice “A LOS QUE TE OYEREN” es porque se supone que debemos transmitir lo que hemos aprendido y entendido, motivo por el cual Pablo escribe “…habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1); pues cuando se nos demande la explicación de una objeción trinitaria debemos exponer de forma clara este mensaje de Jesucristo como “..Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Romanos 9:5).

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